En los últimos años, los comerciantes de café han operado en un entorno marcado por una volatilidad inusual: niveles de precios históricamente altos, costos logísticos crecientes, disrupciones climáticas, cambios en la oferta global y una demanda que muestra señales de desaceleración en ciertos mercados.
Aunque algunos sostienen que el mercado podría empezar a estabilizarse, la realidad es que las dudas persisten entre comerciantes primarios, importadores, exportadores y traders internacionales.
Para conocer cuáles son las preocupaciones más relevantes que enfrentan, qué tan viable es una recuperación en el corto plazo y qué pueden hacer los comerciantes para amortiguar los riesgos del entorno actual, hablé con tres expertos de Guatemala y España.
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Clima y mercado, las principales preocupaciones
Pese a cierto optimismo sobre una eventual estabilización del mercado, los comerciantes de café de especialidad continúan operando en un entorno atravesado por riesgos estructurales que mantienen la estabilidad real aún fuera de alcance.
La principal preocupación sigue siendo el clima: la combinación de sequías, lluvias fuera de ciclo y floraciones irregulares ha demostrado tener efectos devastadores en países clave como Brasil o Vietnam. Cada evento climático extremo altera la disponibilidad de café, presiona los precios y hace más difícil planificar. Para comerciantes pequeños y medianos, esta pérdida de previsibilidad incrementa notablemente sus costos operativos.
Ashley Prentice, productora de tercera generación y fundadora de Gento Coffee en Guatemala, señala que la escasez de mano de obra en origen se ha vuelto un desafío crítico. En países donde la calidad depende de la cosecha selectiva y del trabajo altamente especializado, encontrar cortadores capacitados es cada vez más difícil. El capital humano no solo es más escaso, sino más costoso, lo que eleva los costos de producción y genera dudas sobre la capacidad de mantener la calidad y los volúmenes futuros.
Otra fuente de incertidumbre es la volatilidad del mercado C. Aunque los precios se han mantenido altos, esta inestabilidad implica riesgos de cobertura difíciles de asumir para quienes no cuentan con suficiente respaldo financiero. Las variaciones abruptas generan márgenes negativos temporales que muchos no pueden absorber.
El componente logístico tampoco ofrece alivio. Los fletes marítimos, aunque más bajos que en la crisis de 2021–2022, siguen siendo entre dos y tres veces más altos que antes de la pandemia. A esto se añaden atrasos recurrentes en puertos, escasez de contenedores y costos más altos de almacenamiento, seguros y financiamiento.
¿Puede haber una recuperación en el corto plazo?
Al abordar la posibilidad de una recuperación en el corto plazo, la mayoría de comerciantes coincide en que no es un escenario probable.
Para Pedro Tanoira, cofundador, Q grader y tostador de Coffee Mori en España, la dinámica actual no sugiere un retorno a los precios o condiciones que conoció la industria hace cinco o diez años. En cambio, lo que se percibe es una estabilización en niveles altos, donde los costos elevados, la oferta limitada y la volatilidad persistente han dejado de ser anomalías.
Su socio y también cofundador de Coffee Mori, Javier Castiñeiras, coincide en este diagnóstico. Él explica que la baja expectativa de recuperación está directamente relacionada con varios años de stocks globales insuficientes, consecuencia de cosechas cortas que mantienen la demanda constantemente presionada. Aunque algunos orígenes, en particular Brasil, podrían registrar un ligero aumento de producción, este crecimiento no alcanza para corregir el desequilibrio estructural entre oferta y demanda.
A este escenario se suman factores externos que complejizan aún más la situación: la especulación financiera sobre los commodities, los movimientos bruscos en los mercados de futuros y las dinámicas geopolíticas, como aranceles o restricciones comerciales.
“Los mercados de futuros se están volviendo un casino global y eso afecta directamente a las materias primas de una forma que no es realista”, advierte Javier.
Asimismo, el cambio climático continúa limitando la consistencia del Arábica, una planta altamente sensible, lo que incrementa la irregularidad de las cosechas. En orígenes como Guatemala, ya hay escasez de café disponible incluso antes de iniciar la cosecha, dice Ashley.

¿Quiénes han sido los más afectados?
Ante la sucesión de cambios inesperados que ha sacudido al sector en los últimos años, muchos actores de la cadena quedaron expuestos: sin liquidez suficiente, sin margen de maniobra y sin una estrategia preparada para responder a una demanda cambiante.
Ashley subraya que los comerciantes más golpeados por esta coyuntura son, ante todo, quienes han construido su operación alrededor de conseguir café al precio más bajo posible, sin invertir en relaciones estables con sus proveedores. Este modelo, dependiente de compras oportunistas y disponibilidad inmediata, se desmorona cuando el mercado se dispara o cuando la oferta se vuelve estrecha.
Para muchos, el alza abrupta de los precios se tradujo en pérdidas, erosión de márgenes e incluso en la fuga de clientes al tener que trasladar aumentos significativos al consumidor final.
Los importadores y los exportadores medianos también han sido especialmente vulnerables, sobre todo quienes cuentan con menos respaldo financiero. Con precios que crecieron de forma repentina, su necesidad de capital para comprar y mover café se elevó. Algunos tuvieron dificultades incluso para adquirir café en el mercado interno, mientras que muchos importadores no lograron asegurar los mismos volúmenes de años anteriores debido al peso financiero que implica mantener el inventario.
“Los tostadores, ahora mismo, son los que más mermados van a ver sus márgenes, porque el consumidor final es mucho más delicado a la hora de comprar”, señala Javier.
¿Qué se necesita para sobrevivir a la crisis?
Reducir costos y optimizar operaciones ayuda en tiempos de crisis, pero no es suficiente para sobrevivir a ella. Aunque la eficiencia y la escalabilidad son necesarias, no abordan por sí solas el problema estructural que enfrentan muchos actores de la industria.
Javier señala que a menor tamaño del tostador, mayor es la proporción que representa el café verde dentro del precio final del producto. Cuando los costos del grano suben, esta relación se vuelve insostenible: incluso si el negocio optimiza procesos, los costos operativos se suman al incremento del café verde y los precios finales se disparan. Por eso, en este escenario, algunos actores, particularmente los pequeños, seguirán enfrentando tensiones financieras fuertes pese a cualquier ajuste interno.
Frente a esto, Ashley y Javier destacan que la clave para sostenerse va más allá de la reducción de costos, está en construir relaciones sólidas y de largo plazo con productores y proveedores. Estos vínculos permiten asegurar estabilidad en la materia prima, negociar precios más previsibles y reducir el riesgo de interrupciones o escasez en la oferta.
La integración vertical también puede hacer parte de la lista de soluciones. Muchos negocios están ampliando su rol dentro de la cadena para garantizar un abastecimiento más estable y reducir su exposición al mercado abierto. Este tipo de organización, junto a alianzas transparentes y beneficiosas para ambas partes, se está volviendo una ventaja competitiva.

¿Qué se prevé para el 2026?
Las proyecciones para 2026 sugieren un escenario similar al de 2025. Un mercado aún inestable y marcado por problemas estructurales que no se resolverán en el corto plazo. Aunque los precios han cedido ligeramente desde los máximos históricos, no se anticipan descensos significativos y la volatilidad seguirá siendo una constante.
En materia logística, uno de los factores que más presionó a la industria en 2024 y 2025, tampoco se prevén mejoras sustanciales. El riesgo de repetir errores del pasado se mantiene: esperar demasiado para comprar, confiar en que el mercado bajará o no asegurar el inventario a tiempo. Estas decisiones dejaron a muchos tostadores sin café o los obligó a adquirirlo a precios considerablemente más altos.
Javier comenta que el próximo ciclo se moverá en líneas muy parecidas al actual. Salvo un shock climático relevante en Brasil, Vietnam u otro origen determinante, los precios y la demanda transitarán dentro de los mismos rangos. Él lo describe como una estabilidad relativa, pero en niveles elevados, que ofrece previsibilidad sin eliminar la tensión.
Pedro advierte, además, que los grandes traders están mejor posicionados para absorber la volatilidad y adaptarse a las nuevas exigencias. Por eso, probablemente, ampliarán su participación. En cambio, los actores pequeños, tostadores, exportadores medianos y microimportadores enfrentarán mayores barreras. Algunos podrían verse obligados a salir del mercado o a integrarse en cooperativas y modelos asociativos para mantenerse a flote.

Conclusiones finales
El panorama para los comerciantes de café en 2026 no será más sencillo que el vivido en los últimos años. La volatilidad posiblemente persistirá, alimentada por factores climáticos, logísticos y financieros que ya no pueden considerarse excepciones, sino parte estructural del mercado global del café.
La recuperación, si llega, será lenta y desigual, favoreciendo a quienes cuentan con mayor capacidad financiera, diversificación y acceso a herramientas de gestión de riesgo.
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Créditos de las imágenes: Yeny Ballesteros.
PDG Español
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